sábado, 25 de mayo de 2013

Arañita

 

   García. Cuarta en la lista: Albacete, Barrios, Colozzi y García. Margarita García. Ojos de laucha flaca perdiéndose en la selva de pelo enmarañado, negro como la noche, que salía de los cauces y llenaba la frente de flequillo azabache. Margarita García. “la arañita peluda” le decía los chicos, y ella se enfurecía.
   Se sentaba adelante de Alejandra, que aprovechaba la nube renegrida de motas para pasarle papelitos a Juancho, un muchachito alto que siempre estaba en babia.
   Margarita García, “la arañita”… Usted dirá: -¿qué tiene de importante ese nombre , si ahí nomás, los García llenan todos los barrios?-…Sí, pero no se apure, deje que se lo cuente.
   Una mañana de esas que llueve hasta los ojos y retumban los truenos como gritos de brujos, dieron las ocho y nada, no había llegado nadie. La escuela parecía hundirse entre la lluvia, el camino era un plato de chocolate blando y ni un chico asomaba por ninguna vereda.
   Como a las ocho y cuarto, aparece la nena con el pelo empapado, chorreándole en la cara, y pregunta si hay clases, y le contesto –claro-. Y se sienta en el banco que parece más seco, esquivando goteras que caen como sapos.
   Como estábamos solas, le pregunto y me cuenta: que tiene seis hermanos, que la madre trabaja de enfermera de noche y que plancha para algunas patronas. Que el padre estuvo preso pero ahora es sereno y duerme todo el día porque llega borracho. Que el hermano más grande anda siempre en la esquina y le pega a la madre para sacarle plata, y que ella tiene miedo de que otra noche de esas, cuando todos se duerman, se le meta en la cama y… Baja los ojos negros como dos golondrinas y se queda callada.
   Margarita García tiene ojitos de laucha. Se le gastó la infancia antes de que empezara, y le crecen fantasmas en el cuerpo de niña que no tiene esperanzas.
   Por eso, cuando supe que vinieron anoche, que cuatro patrulleros entraron a “La Cava”, que rodearon la esquina de la casa de ella y que se la llevaron, sin preguntarle nada…¿qué quiere que le diga?, yo supe que “arañita”, la del pelo madeja de virulana negra, la del flequillo largo tapándole la cara; Margarita García, apodada “la araña”, había perdido el rumbo cualquier tarde de esas, y había pagado el precio que pagan los que pagan.

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