jueves, 11 de octubre de 2012

La conquista de América


Agua. Archipiélago blando.
Las manos
         como ojos descascarando mapas
arrinconaron el borde del sol sobre la orilla.
Dejaron las paredes con el cielo al desnudo,
                      largo horizonte de piedra cultivado.
Se bebieron entera la matriz de las frutas.
Robaron la pintura en la piedra,
         la nomenclatura cívica del cielo
                 y el semen amarillo de la tierra.

  Una sola palabra –como dijo Neruda-
 trajeron los señores
                               además de la espada.
Y dijeron     
              esclavo
                             en todos los idiomas.

miércoles, 15 de agosto de 2012

No Debo.



No sé qué me corresponde
                  pero sé lo que debo.
  No debo hablar en clase
            ni escribir en imprenta
            ni jugar de manos con los chicos.
  No debo escribir en las paredes
             ni matar a los pájaros.
No debo caminar
                            por los charcos
   ni ensuciarme la ropa.
No debo deber lo que no debo
 para quedarme en paz
                           con lo que debo.

Patria.




Dónde quedó esa Patria
    de pericón y chocolate caliente
                     en los días de fiesta?
Dónde se extravió el himno
              sin arreglos
que cantábamos  todos con voz emocionada
mientras llegaba la bandera
    y el chico con la banda
                  como la de los presidentes
que uno envidiaba tanto?
Dónde quedó            pregunto
 a aquellos   que la enseñan        
                       o la conducen
                       o la empuñan.

Bitácora.





Jaque.
 Al  Este

            baldosas de provincia.

           Ventanitas del mundo.
  Oeste.         Paradojas de afiche.     
  Sur.     
Abrazos de veredas.
     Parpadeos de horizonte
           cuando pasa un tren
                             entre los puentes.     
    Norte.            Mate.

Lluvia.




Palabra de agua.
Entredicho de
              vidrio
                    y de marea.
Añico desprendiéndose.
Vertical
           añadida al horizonte.

lunes, 28 de mayo de 2012

Sol que fue



Una península de viento
   dejó rastros calientes en
                   en el césped.
Besos húmedos, rosados
          salpicando el trébol.
 Más allá
                      en el patio,
registro de páginas de fresno
con escrituras frágiles
que se quiebran
como las venas amarillas.
       Sangría  de un verano
            que empapa el otoño
           con el sol que fue.

martes, 15 de mayo de 2012

Palabra quebrada


La palabra se ha quebrado
    en el vértice. Aleteó como una banderola
para batir el viento
allí
en el arrabal prostibulario de donde viene.
    Ella
       abisagrada por el medio
             mariposa patética agusanando el néctar
             pan cotidiano que me llevo a la boca
             mirada que va más lejos que el abrazo
             pisada en el lado de afuera del espejo.
Palabra irremediable
    ella
           puede pisar mi mano en el césped.
    Y construir mi nombre
            sólo para mi ausencia.

viernes, 27 de abril de 2012

Fracaso



  Se me murió. Claro que era mío! Si le inventé un destino y le pinté una estrella. Le cargué los bolsillos con algunos naufragios -mensaje en la botella como un pez panza arriba- y lo puse en la vida para que fracasara.
   Me traicionó sin tregua. Me mintió cada hora. Me dolió como duelen los fracasos de uno y un día, cualquier día, se me murió de golpe sin preguntarme nada.
   Y me dejó quebrada, sin saber cómo andar sin fracaso, con un pie en el abismo.

Tus ojos.


  La sombra de la noche se quedó detenida en el espejo curvo de tus ojos de lata. Crecieron los suburbios de las constelaciones y el frío, fue una página de pupila escarchada.
   Nunca pude mirarte a los ojos de nuevo, porque el silencio afila sombras de fuego en tus pestañas y duele el abrazo que nunca prometiste como duelen las brújulas en todos los naufragios.
   No sé, tal vez, yo supe que moría aquel día. Adiviné de pronto que no tenía esperanzas, que todas las palabras se quedaban heridas esperando la boca secreta de las páginas.
   Claro que volví a verte… Si alrededor del aire anda tu viento verde, alborotándome. Ese aire de césped sudado que me enciende, no cesa de golpear las puertas de mis dedos y me deja una huella caliente entre los dientes.
   Pero ¿sabés? Ya nunca te remonté los ojos. Prefiero adivinarte la seña de la espalda, la línea de tu cuello, el latido en la nuca. Verte de lejos. Adivinar qué camino sigue el rumbo del viento en tu mirada… Pero verte a los ojos, no puedo, amor, no puedo. Son un abismo verde derrumbado en tu cara.

Jorge Lanata: Sr. Periodista



Señor periodista:
                          Es usted una persona poderosa. Puede decir o hacer silencio... ¡Tantos salvados por una palabra como heridos por un  silencio!
   Usted puede cambiarlo todo, por ejemplo mostrarle a la gente cada cosa del lado de todos, morder el borde de la conciencia de muchos, apurar el viento para que sople del lado en que se apilan los sueños de los pobres.
   Usted es poderoso porque también puede esperar que madure el oído que escucha, regarle el futuro con promesas de aire y saber que el abrazo vendrá como de espía porque nadie le roba los pájaros al cielo.
   Usted puede, como toda persona poderosa, hacerse amigo de los reyes y cantarle los salmos. Usted puede, también,  seguir siendo el muchacho que soñaba justicia cuando otros le decían que tuviera cuidado.
   Usted, señor periodista, puede seguir siendo un tipo con memoria.
   Pero si no se acuerda cómo era, si por ahí se le olvida lo que quiere decir ser periodista, usted puede mirarse en el espejo. Por ahí encuentra la fórmula. Mírese al espejo y piense en la cara que va a poner su hijo cuando sepa para qué usó usted el poder, señor periodista, por cuántas monedas se vendió como judas y a cuánta buena gente traicionó de repente.
   Usted debe, señor periodista, ser un tipo con memoria.

Julián.


En Abril, una tarde de viento
           con el sol abotonado
                    en el ojal del cielo,
la mano del tiempo
               barajó otros relojes.
Suspendió el pasado
          por un feriado de futuro.
Hizo cosquillas en el mapa del mundo.
            Señaló una hora.            Un día,
                    una promesa
Y le puso nombre de pájaro:
           Julián.

Peregrino.

  

El paso sigiloso de la cintura del sol entre los vidrios se fracturaba como en un calidoscopio salpicando de luz la pared del fondo de la sala. El verano había ido gastándose de a poco, deshilachándose igual que la miel de los higos de marzo, asaltada por los gorriones y el viento Norte, que azotó los árboles hasta desbastarlos. Pero el sol aún seguía sostenido sobre los ventanales altos más allá de las tres de la tarde.
   La valija seguía en el mismo lugar en que la había dejado, en el rincón del corredor, al lado de la maceta con geranios que empezaban a boquear, sin remedio. Él también seguía en al mismo lugar, recostado en el sillón azul, con los ojos cerrados y una mano sobre la frente. La otra mano se resistía a la quietud y acariciaba el tapizado de gobelino, rebuscando el código de la trama, trazando arabescos en la tela, cavando pequeñas cuevas con las uñas.
   No sé cuánto tiempo pasó, pero el sol empezó a descolgarse lentamente hasta detenerse en el dintel de la ventana del pasillo, la que asomaba al jardín, que aparecía fracturado entre los vidrios –rompecabezas de verde y amarillo.
   El aroma de los jazmines empezó a hacerse intenso, como cada día a esa hora, y el frescor crecía por los techos y empujaba hacia abajo.
   Él abrió los ojos y la penumbra lo recibió desnuda, envuelta apenas en la fragancia que abrigaba a las cosas y las acariciaba con prudencia. Miró el reloj. Se incorporó y recorrió la sala cerrando las ventanas y las puertas. Se detuvo en el corredor, junto a la valija. Dudó un instante antes de levantarla y salir.
   El silencio siguió aleteando sólo un instante más. Enseguida los grillos y los pájaros respiraron la húmeda secuencia de la tarde. Los árboles empezaron a estremecerse y el rocío se acostó en la hierba como en cada crepúsculo.
  
   Nadie supo nunca hacia dónde partió, ni en qué momento. Tres o cuatro señales apenas, delataron la huída: el diario del cinco de marzo sobre la mesa, los geranios exhaustos en el macetero del corredor y la camisa azul, descolorida como las banderas de las escuelas, estrenando su penúltimo otoño en el perchero de la sala.

lunes, 26 de marzo de 2012

Sin sitio.


Dónde coloco las palabras
si no hay espacio       ni aire,
si nacen y mueren sin que nadie
                          lo note,
si, quizá, aún nonatas,
ocupan demasiado lugar.
Me sobran, me desbordan,
me aplastan.
Tengo que acomodarlas
en algún sitio
que no sea el mio.

domingo, 25 de marzo de 2012

Mabel Cortese. Despedida


   
De pie como los pájaros azules de las fuentes; alta igual que los sauces trepados al viento de la tarde, mas allá de la costa, adentro de la húmeda garganta del océano repartido en los puertos frecuentes de los mares. Allí, en el hueco perfecto de la mano tejida de corales estará tu perfume, la sílaba radiante de tu cuerpo en cenizas yacerá como un trébol marítimo en el fondo.
   Tal vez alguna larga raíz de tu pelo en penumbras, se escape por la escama dorada de los peces y encalle en la arena caliente de la playa. Porque así son los viajeros que nunca se despiden. Van más atrás del tiempo, más adelante, trepados en un andamio que el viento reconoce y que algunos poetas inventan en palabras. Serás una sirena besada por la espuma, acariciada por el sol del poniente, ese que se encharca en el mar casi quieto, detrás del horizonte de los Hombres.

   Algunos mapas dicen, cuando uno les pregunta, que en cada eternidad se esconde una frontera, que más allá del tiempo hay otro municipio donde descansan sólo los ángeles del alma, y acumulan pasiones y caricias y abrazos para desalentar a los entristecidos, a los solos de sueños, a los desalentados.

   Cuando caiga la lluvia sobre la espalda verde de todos los jardines; cuando el rocío estrene la saliva caliente entre los pastos y el sol se empeñe en secarse la frente, nacerás otra vez, magnífica, sonriente, como nacen los sueños de los enamorados cuando no tienen miedo. Y empezarás de nuevo, libre como los peces, desnuda y transparente como las esperanzas.

lunes, 12 de marzo de 2012

Sueño



Hoy el sueño se partió 
                      a contramano.
Anda en una vigilia descalza
                                     casi humana.
Va despellejándose como una
                fruta
                    olvidada en el estante de los ojos.
No queda ni una pestaña
                                    Indemne,
ni una lágrima de cabotaje.
No queda sueño alguno colgando de las perchas.
Ni en el pasamanos de la escalera.
   Ni en el patio.

Papirolas


 La última paloma de papel manila se desprendió del marco de la ventana y salió volando hacia la cornisa del cuarto piso.
   Siempre habían ocurrido cosas semejantes: arañitas azules de papel celofán teñido con tinta Pelikan aparecían acomodadas en los rincones, enredadas en la tela, y uno nunca sabía si las había arrinconado el viento, pegoteándolas con las pelusas, o si se habían corporizado misteriosamente.
Me acuerdo de las mariposas de papel barrilete, aleteando con alitas frágiles de color celeste, sacudiéndose entre las toallas que se apilaban en el botiquín del baño.
   Cuando aparecieron las polillas de papel de calcar revoloteando por el dormitorio, encima de la colcha que mi abuela había tejido al crochet, me preocupé tanto que compré naftalina y la colgué en bolsitas atadas al elástico de la cama... Sí, vos me dirás que eran sólo de papel, pero mi abuela se había muerto hacía ya unos años y la colcha era el único legado que me quedaba de ella, así que no podía arriesgarme.
   La cosa se puso un poco más truculenta cuando empezaron a aparecer cucarachas de papel glacé sobre la mesa de la cocina o asomando por la rejilla del baño; empeoró con los murciélagos de papel afelpado que colgaban en los rincones del living, y los cuervos de cartulina... No, no siempre fue como una película de horror... ¿quién hubiera podido aguantarlo?... No, la cosa fue variada. Después fueron los papagayos multicolores, y por último, los loros... Esa etapa fue la peor. Estaban por todos lados: en el balcón, en la mesa, en el bidé. Todos verdes. Grandes y chicos, de papel apergaminado o monofort, pintados con témpera o anilina. Verdes. Todos verdes.
   Lo de los cascarudos fue más sencillo porque eran más chicos y vistosos también, de papel metalizado, el de los caramelos ¿viste?. La verdad es que los cascarudos me gustaban. Me acuerdo de que una mañana, cuando me levanté, el piso del dormitorio estaba plagado de cascarudos de todos colores... Y los pisaba y hacían cric cric, como los de verdad... ¡ qué locura!
  Y bueno, un poco antes de mudarnos, le agarró por las palomas. Blancas al principio. Te digo que era una solución porque por lo menos el papel era más fácil de conseguir. Yo juntaba papel de almacén, los sobres usados del correo, cajas de pizza... En fin, todo venía bien. ¡Hasta que empezó con el papel manila! Yo le dije que palomas amarillas no había visto nunca pero, ¿viste cómo era él?, siguió y siguió con el papel manila.
   Llenó de palomas amarillas los placares, el palier, el lavadero, y en el último tiempo, como no quedaba más lugar, se las regalaba a los chicos en la placita Almafuerte... Los chicos chochos, imaginate...
   Cuando nos mudamos, ocupaban más lugar los papeles que los muebles. Y te digo, yo dejé el departamento súper limpio: vacié los placares... hasta saqué el papel con el que forraba los cajones por las dudas que le hiciera falta... No sé cómo pudo haber pasado. Fijate qué disgusto, pobre señora, la que se mudó al departamento, digo. Una jubilada, sola, imaginate... Dicen los vecinos que se quejaba de escuchar ruidos en las paredes, en el techo, detrás de las puertas. Todos pensaban que estaba loca, hasta que pasó lo que pasó. Dicen que ayer abrió la ventana -era un tercer piso, ¿te dije?-, y se tiró. Sí, la vieron los vecinos. Y dicen que detrás de ella salió volando un montón de pájaros y bichos hacia todos lados y que, después de un rato, una paloma grande y amarilla se desprendió del marco de la ventana y se fue, aleteando, hasta la cornisa del cuarto piso.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Te llamo


Te llamo de nuevo. No para que acudas sino para que existas.

Federico Garcia Lorca

 


  Federico García Lorca, uno de los más grandes poetas y dramaturgos de la primera mitad del siglo XX  nació en el pueblo de Fuente Vaqueros, en la provincia de Granada (España) en 1898. La poderosa influencia de su tierra natal marca toda su obra, desde sus "Primeras Canciones” hasta “La casa de Fernanda Alba”.
   Comienza sus estudios de Derecho y Filosofía y Letras en 1914 en la Universidad de Granada.. Cinco años después se traslada a Madrid para terminar sus estudio y allí conoce al poeta Juan Ramón Giménez y al famoso cineasta Luis Buñuel. Aquí nacen sus primeras obras literarias, el “Libro de Poemas”, y su primera obra teatral “Mariana Pineda”.    Durante ese período, también establece relación con el maestro catalán del surrealismo, Salvador Dalí. Es en esta época en que se forma el aspecto “moderno” de la obra de García Lorca.
   A los 35 años, ya es un poeta exitoso reconocido en el mundo y sus obras de teatro se representan en todas las latitudes.
   Después de sus estudios en Madrid, viaja a los EEUU. y da conferencias en la Universidad de Columbia Su libro de poemas “Poeta en N.Y” recoge esta etapa de su vida. También visita Cuba y Argentina.

   Federico estuvo en Argentina entre 1933 y 1934. El éxito de “Bodas de sangre” con Lola Membrives obliga a la obra a mudarse del Teatro Maipo al Avenida. Es aclamado por el público. Su obra “Yerma” es representada más de cien veces.
   Buenos Aires lo seduce. Se relaciona con Raúl Gonzáles Tuñon, José González Carbalho y Ricardo Rojas Paz.. En la casa de éste conoce a Pablo Neruda (cónsul de Chile en Argentina). El poeta es un torbellino. Gardel canta para él el día anterior al abordaje del avión que termina con su vida
   Y si hay un Lorca aclamado por su Romancero Gitano y que pisa fuerte en la dramaturgia, también hay un Lorca con los bolsillos llenos de papelitos con poemas que corrige una y otra vez y que confiesa estar enamorado de aquello que todavía no escribió.
   Un día de Marzo de 1934 se marcha de Argentina. Le quedaban 2 años de vida. La fiesta y la tragedia lo acompañaban. Fueron a despedirlo todos sus amigos. El poeta, acodado en la barandilla del barco, silbaba un tango
   Desde 1933 Federico García Lorca conoce muchos éxitos. Pero en el mismo período, nubes oscuras se forman en el cielo de la política internacional. Hace 11 años que Mussolini gobierna Italia. Y en Alemania ha caído la Rep. De Weimar. El nuevo canciller se llama Adolf Hitler.

   En 1936, comienza en España la insurrección de gran parte del ejército. Federico García Lorca no pertenecía a ningún partido político, pero un artista moderno es, por definición, un enemigo del régimen autoritario, un enemigo para aquellos que levantaban consignas como: ¡Muera la inteligencia!.
   García Lorca huye hacia Granada. Luego de una denuncia, es arrestado por la Guardia Civil y asesinado el 19 de Agosto de 1936. Su cuerpo es arrojado en un barranco de Sierra Nevada.
   La guerra civil durará tres años más, causará 1 millón de víctimas y el exilio de centenas de millares de españoles; algunos de ellos,  son nuestros antepasados. .

 Su obra incomparable conoce títulos como: Doña Rosita la soltera; Mariana Pineda; Romancero gitano; Poema del cante jondo; Yerma; La zapatera prodigiosa, etc.

   Dijo en 1932 acerca de la poesía:
Pero, ¿qué voy a decir yo de la poesía? ¿Qué voy a decir de esas nubes, de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle, y nada más. Comprenderás que un poeta no puede decir nada de la Poesía. Eso déjaselo a los críticos y profesores. Pero ni tú ni yo ni ningún poeta sabemos lo que es la poesía.
                                                      Federico García Lorca (Madrid, 1932)

   Todos los artistas del mundo lo lloraron. Todos le brindaron homenajes.
 Dijo de él, Miguel Hernández, poeta muerto en prisión en 1942 en su
Elegía Primera (a F.G.L.)   (Fragmento)
………………………………………
Tú, el más firme edificio, destruido,
Tú, el gavilán más alto, desplomado,
Tú, el más grande rugido,
Callado y más callado y más callado.

   Su más hermoso libro de poemas, también es inspirado por la muerte. En 1934 muere en su traje de luces Ignacio Sánchez Mejías, torero muy famoso, amigo del poeta y mecenas del mundo artístico de Madrid, matado por la cogida de un toro. Algunos meses después, García Lorca compone el “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” del que traigo aquí algunos fragmentos

¡Y el toro solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde.
Cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.
……………………………..
¡Que no quiero verla!
 Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.

Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.

¡Que no quiero verla!
Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.
¡¡Yo no quiero verla!!
………………………………………………………………………………………………


   La guardia civil lo asesina el 19 de agosto de 1936.

domingo, 22 de enero de 2012

Regalo de reyes

  
 6 de Enero. La tarde caía como una pedrada en medio del asfalto. Con las últimas monedas que le quedaban compró el diario en el kiosco de la esquina. Un perro la salió al paso cuando se detenía a la sombra de un paraíso. Le olfateó los pantalones y se le sentó al lado. -Pobre perro- pensó- éste está peor que yo.
   Caminó hacia el lado de la dársena. Tenía un apetito voraz y ni un peso en el bolsillo. Miró por encima del hombro y vio que bajaban muebles de un camión de mudanza. Muebles grandes, buenos. –Gente de plata- se dijo. Se acercó a los hombres vestidos de color caqui y les preguntó si necesitaban ayuda. -¡Y, déle!- contestó el más viejo, que tenía un pañuelo atado al cuello.
   Se arremangó la camisa y ahí vio al perro que le movía la cola.  -¿Es suyo?- preguntó la dueña de casa, una anciana delgadita como un hilo de bordar. -¡No, qué va a ser mío! Estaba en la calle y me siguió. ¿Le molesta, señora?-. –No, para nada, cómo me va a molestar, pobrecito. Me parece que debe tener hambre. ¡Vení, chiquito, vení!-. El perro se le acercó moviendo la cola y ella lo acarició con ternura.
   -¡Y vamos con el piano!- gritó el tipo más joven- ¿nos da una mano?-. Cuando entraron a la casa, cargando el piano que pesaba como un condenado, se escuchó la voz de la viejita: -Arriba, por favor. En el corredor de arriba-.
   -Qué lo tiró que es pesado- pensaba, pero ya no podía hacer nada más que aguantarse. –Por ahí me tiran unos pesos.
   Bajaron cansados después de hacer toda clase de maniobras para acomodar el maldito piano en el pasillo que era bastante angosto. Al lado de la puerta de la cocina estaba el perro, comiendo unos pedazos de pollo que la señora le había puesto en una bandeja de plástico.
   Siguieron la cómoda y un aparador de cristalería de roble macizo. Después le tocó el turno a los canastos. Esos eran livianos, una pavada.. El perro se había echado sobre un felpudo y los miraba pasar, moviendo la cola.
   La noche se hizo de pronto como si el tiempo se contara doble. Los tipos de caqui le hicieron firmar unos papeles a la señora. Él se quedó esperando afuera, disimulando mientras se bajaba las mangas de la camisa.
-Bueno, pibe,gracias- dijo el del pañuelo al cuello, y le tendió la mano.
-De nada- contestó –Y me van a largar parado estos guachos… ¡No lo puedo creer!. ¡Qué me tenía que meter yo como un gil! ¡Y esta vieja que ni siquiera nos da una propina, qué malaria!.
  Cruzó la calle secándose el sudor que le corría por la frente. Se agachó para atarse el cordón del zapato y lo vió: El perro caminaba detrás de él y movía la cola. -¿Y vos qué mirás, perro sarnoso, si al final  la pasaste como un duque y encima tenés la panza llena! - y le largó un puntapié.
   El perro reculó y lanzó un gruñido. -¡Sí, lo único que me falta hoy es que me muerda un perro!- dijo en voz alta. El perro se le acercó, le olfateó el pantalón, levantó la pata y lo orinó.

   -Cada vez que paso por esta calle y veo la casa, me acuerdo de la viejita… Seguramente se habrá muerto. Era tan flaquita y …¡tenía unos cuantos pirulos encima! ¿te acordás, loco?.
 El perro, que camina adelante, se detiene, da vuelta la cabeza, lo mira y mueve la cola.
   La calle se los traga como si el horizonte fuese un hilo sostenido en el abismo de la esquina.

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